Boca perdió sus chances de clasificar a octavos de final y quedó eliminado. En más de una oportunidad los xeneizes tuvieron chances de hacer historia en esta competencia, pero se le escapó de las manos. Sin embargo y una vez más, el mundo habló de Boca.
Boca Juniors no tuvo un paso olvidable por el mundial de clubes, algo difícil de imaginar para todos en la previa. En sus tres partidos de fase de grupos tuvo momentos que quedarán en la memoria de los hinchas y los fanáticos del futbol. Aunque en el final esa buena imagen quedó empañada al no poder vencer a Auckland City, un equipo semi-profesional.
Los momentos de Boca en el Mundial de Clubes
El debut contra Benfica fue quizás el mejor momento de Boca. Pudo haber ganado el partido y el contraste con lo hecho por boca en el 2025 era total, parecía otro equipo. Pese a tener un DT recién llegado y algunas caras nuevas, los xeneizes estuvieron a la altura de un Benfica nervioso ante el juego boquense. Terminó 2-2 y si bien el animo de la gente de boca creció, las posibilidades de la clasificación se redujo.
Contra el Bayern de Múnich la postura de Boca no fue la deseada. Sufrió mucho durante el primer tiempo, sin poder salir ni mantener el balón en su poder. Hubo una mejoría en el segundo tiempo: el equipo logró equilibrar el juego y alcanzó el empate gracias a un golazo de Merentiel. Sin embargo, volvió a repetirse la falla que lo acompañó durante toda la competencia: la dificultad para despejar una pelota suelta en el área. Esa desatención terminó costándole caro, con un gol sobre el final que selló una derrota dolorosa.
El último partido frente al Auckland City fue un cachetazo de realidad. Más allá de que Cavani intentó restarle dramatismo al declarar que “no fue decepcionante”, el empate frente a un rival amateur de Nueva Zelanda roza el papelón. Ni los tiros en los palos, ni la larga interrupción por tormenta, ni siquiera el resultado del Benfica alcanzan como justificación. Boca tenía la obligación de ganar —y golear— como lo hicieron Bayern y los portugueses. De haber quedado afuera luego de una victoria contundente, la historia sería otra. No esta historia, que termina con un 1-1 y con 82 centros al área, en un intento desesperado por encontrar el gol que no llegó.
Pero el cierre ante Auckland terminó empañando todo lo bueno que había dejado la imagen del equipo frente a dos potencias europeas en los partidos anteriores.
Lo Boca
Ser hincha de Boca no es solo una elección futbolera ni una simple simpatía: es una forma de identidad profunda, una herencia emocional, un posicionamiento frente al mundo, como dice el escritor argentino Martín Kohan. Uno no se hace hincha de Boca por voluntad racional, sino que “le pasa”. Ser de Boca es un destino afectivo que se impone desde la infancia, se lo hereda. No se trata de una elección consciente.
El hincha de Boca lleva en la piel el arraigo y la intensidad de su barrio, La Boca, y los proyecta con una pasión que cruza fronteras. La hinchada xeneize maravilla al mundo entero: gente de todos los rincones del planeta observa, se emociona con ser parte de ese fenómeno único. Una vez más, Boca y su gente conquistaron al mundo. No fue por el juego ni por los resultados, sino por ese amor incondicional que se sostiene en la victoria y en la derrota. Porque Boca no es solo un club es una forma de vivir la vida: a lo Boca.
