USA cae humillado 4-1 ante Bélgica, dejando al descubierto la realidad del fútbol en Estados Unidos. Si bien es cierto que Estados Unidos mostró un juego frontal y dinámico ante Paraguay, los estadounidenses fueron de más a menos en este Mundial, dejando mucho que desear en su último partido de la fase de grupos, donde cayeron ante Turquía.
Bélgica llegó a los octavos de final sin jugar bien, con jugadores de renombre, pero ya en la recta final de sus carreras. Era el rival más accesible para Estados Unidos, pero la realidad dejó al descubierto la pasividad, la falta de experiencia y las limitaciones físicas del conjunto norteamericano. Estados Unidos no ha avanzado prácticamente nada en los últimos 20 años.
Errores tácticos, fallas técnicas e inocentadas de sus jugadores permitieron que Bélgica anotara cuatro goles prácticamente a ritmo de entrenamiento. Estados Unidos no tuvo respuesta. Sus jugadores mostraron debilidades en el aspecto físico y, mentalmente, no estuvieron preparados para afrontar este encuentro. En cambio, Bélgica llegó motivada tras la decisión de Gianni Infantino de acceder al pedido del presidente de Estados Unidos para retirar la suspensión de Folarin Balogun, quien había recibido una tarjeta roja en el partido anterior. Una decisión que, desde mi punto de vista, deja al descubierto el mal manejo de la FIFA y abre las especulaciones sobre un posible favoritismo del máximo organismo del fútbol hacia determinadas naciones.
Los críticos más optimistas del fútbol estadounidense afirman que esta selección ha inspirado a futuras generaciones, pero ese discurso se viene escuchando desde el Mundial de 1994 y el fútbol en Estados Unidos no ha cambiado sustancialmente: sigue siendo un equipo con carencias técnicas y con poca garra o carácter competitivo. La MLS tampoco ayuda, con un sistema sin ascenso ni descenso y con pocas oportunidades para que los jóvenes talentos puedan probarse en equipos profesionales, ya que, en muchos casos, todo funciona por invitación o, como muchos señalan, por contactos. Los problemas comienzan desde las categorías inferiores, cuando los niños y las niñas deben pagar grandes sumas de dinero para practicar un deporte que puede jugarse simplemente con una pelota de trapo. En Estados Unidos, todo tiene un costo, y descubrir y desarrollar talento implica un precio demasiado alto.
Estados Unidos le dice adiós al Mundial con la cabeza baja y con la obligación de analizar seriamente qué debe hacer para mejorar su fútbol. Es momento de preguntarse si el camino correcto sigue siendo traer a la MLS jugadores en el ocaso de sus carreras, si el objetivo principal debe continuar siendo el negocio y los millones que genera el soccer en el país o si, de una vez por todas, existe un verdadero interés por dejar de hacer papelones en la Copa del Mundo e invertir en una estructura futbolística sólida. El desarrollo debe comenzar desde las bases, con mejores academias, más oportunidades para los jóvenes y un sistema que priorice la formación de talento por encima del marketing. De lo contrario, los resultados seguirán siendo los mismos cada cuatro años.