Una deslucida Brasil se quedó en los octavos de final tras perder 2-0 ante Noruega en la Copa Mundial 2026. La “Canarinha” tuvo ocasiones claras de gol, incluyendo un penal fallado por Bruno Guimarães al minuto 12. La actuación del portero vikingo, Ørjan Nyland, fue determinante y, sin duda, lo convirtió en la gran figura del partido.
Noruega no fue necesariamente el mejor equipo en la cancha ni hizo méritos para dominar el encuentro, pero Brasil volvió a evidenciar sus principales carencias: falta de paciencia, poca contundencia y ausencia de gol. En cambio, los noruegos contaron con el “Androide”, Erling Haaland, quien necesitó apenas dos oportunidades para marcar un doblete de gran factura y silenciar a quienes lo critican por desaparecer en los partidos importantes.
Al minuto 53, Endrick ingresó al campo y, apenas un minuto después, tuvo la segunda ocasión más clara para Brasil. Sin embargo, un toque de más le hizo perder el control del balón y terminó enviándolo fuera ante la salida del portero. Los dirigidos por Carlo Ancelotti siguieron atacando, mantuvieron la posesión del balón y dominaron gran parte del encuentro, pero nunca encontraron el camino al gol.
El ingreso de Neymar terminó siendo un error, aunque Ancelotti quiso complacer a todo un país que pidió su convocatoria para este Mundial. El resultado fue decepcionante: Neymar no logró cambiar el rumbo del partido y se despidió del torneo entre lágrimas, sentado sobre el césped.
Brasil sigue sin encontrar un equipo verdaderamente competitivo en los Mundiales. La selección transmite la sensación de contar con jugadores que no sudan la camiseta y que están lejos de representar la esencia del fútbol brasileño que maravilló al mundo antes del Mundial de 2014. Para quienes siguen esperando el tradicional “jogo bonito”, es momento de aceptar que ese tipo de futbolista prácticamente ha desaparecido, o al menos ya no es convocado. Hace más de dos décadas que Brasil no encuentra una generación capaz de combinar talento, creatividad y el compromiso de defender con orgullo la camiseta de su país.
La “Canarinha” perdió su identidad hace mucho tiempo y terminó adaptándose al fútbol moderno, como la mayoría de las selecciones. Sin embargo, el fútbol sigue premiando lo más importante: el gol. Se puede dominar la posesión, generar ocasiones y controlar el ritmo del partido, pero sin definir es imposible ganar una Copa del Mundo. Esta noche quedó demostrado. Mientras Brasil desperdició sus oportunidades, Erling Haaland convirtió las dos que tuvo y envió a la cinco veces campeona del mundo de regreso a casa.